La mujer asesinada, cifras de lo urgente.


Si de algo me ha servido mis estudios de género ha sido para darme cuenta de la situación de la mujer dentro de los sistemas sociales y los modelos normativos a los que estamos sometidas y como estos mantienen un sistema jerarquizado de clase, sexo, religión y raza. Al ser yo de una sociedad andina encuentro muchas características que normalizadas resultan invisibles pero que se presentan como síntomas (ahora más constantes) a diario en nuestras acciones.

Por ejemplo, el 2017 el Observatorio de Igualdad y Género de América Latina y el Caribe registró al menos 2.795 feminicidios (homicidios perpetrados por razones de género) en los 23 países que conforman América Latina y el Caribe. Para entonces el Perú informó de 116 casos que se incrementó a 149 durante el año 2018 teniendo como característica principal que los crímenes eran cometidos por las parejas y exparejas de las víctimas.

En lo que va del 2019 durante el primer mes se han registrado diez casos de mujeres asesinadas en distintos puntos del Perú ( en lo que me lleva escribir este texto se dieron dos casos más) algunas de manera violenta y casi sádica “las muertes violentas de las mujeres, presentan manifestaciones del ejercicio de una violencia desmedida previa, concomitante o posterior a la acción delictiva, que evidencia una brutalidad particular en contra del cuerpo de las mujeres” (Ministerio Público 2018) siendo el estrangulamiento, la asfixia y el acuchillamiento las formas más comunes de tortura.

Al respecto, un problema recurrente si analizamos los casos de feminicidio generalmente la atención se centra en la relación que tiene la víctima con su asesino y a partir de ahí los juicios a la mujer independientemente que se haya dado en el espacio público o privado suelen ser los mismos: “¿Qué habrá hecho?” o “ella lo provocó” para luego pasar a la minimización y justificación del hecho, el silencio, el olvido y la impunidad. Pareciera que la sociedad en general y las instituciones en particular culparan a las mujeres de su muerte, mientras la violencia va en aumento.

En su libro Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos (2003), Rita Segato señala que el “ensañamiento” testimonia que nos encontramos en un momento de tenebrosas innovaciones en la forma de ensañarse con los cuerpos femeninos y feminizados. Creo que a partir de ahí podemos señalar que tales afirmaciones se observan en los crímenes que son narrados en los medios de comunicación constantemente en la ciudad.

Entonces sería bueno preguntarnos también ¿Cómo establecemos una explicación coherente para la violencia de género y los feminicidios que se dan en nuestra región de manera alarmante?

Según el Observatorio Nacional de la Violencia contra las Mujeres y los integrantes del Grupo Familiar, en la región Junín desde el año 2009 hasta el 2018 se ha registrado la prevalencia de la violencia por parte de la pareja en mujeres en 71 % de casos registrados y en el transcurso de los años solo se ha reducido en un 11% registrando una prevalencia superior en 3% al promedio nacional ubicándolo en el segundo lugar en violencia contra la mujer en el Perú. Durante el primer trimestre del 2018 los casos de violencia feminicida se han incrementado, siendo los casos de violencia sexual los más comunes. Estos datos hicieron que durante el 2018 Junín se le “otorgará” el segundo lugar como la ciudad más violenta para las mujeres, siendo la violencia sexual uno de los principales gravantes del problema, que encuentra en el feminicidio su punto más álgido, aunque para reducir estas cifras la región Junín cuente con un Plan de Violencia contra el Género aprobada desde noviembre del 2017 la cual pretende combatir y erradicar la violencia desde la “raíz” pero el poco esfuerzo y algunas declaraciones vergonzosas de las autoridades de turno hacen ver la falta de conocimiento y el dogmatismo estúpido de ciertos grupos de poder.

Imaginario de la feminidad Patriarcal.

La violencia de género se refiriere a todo acto cometido contra el cuerpo feminizado, que tiene como resultado el daño y sufrimiento físico, sexual y psicológico de la mujer sometida dentro de un régimen patriarcal cuyo sistema de representación, ordena, doméstica y disciplina sus cuerpos. Una característica recurrente esta en los crímenes sexuales que en general se aborda como algo particular e individual del victimario. Sin embargo «Los crímenes sexuales no son obra de desviados individuales, enfermos mentales o anomalías sociales, sino expresiones de una estructura simbólica profunda que organiza nuestros actos y les confiere inteligibilidad. En otras palabras, el agresor y la colectividad comparten el imaginario del género, pueden entenderse» (Segato, 2006:17-16). Esto explicaría a la violencia como una consecuencia de un carácter estructural sostenida en un sistema de género impuesto por una cultura patriarcal binaria y heteronormativa cuyo punto de partida viene desde el primer lugar de socialización: La familia. Lo cual nos resulta paradójico ya que el lugar más peligroso según las estadísticas para una mujer termina siendo su hogar la familia, siendo el varón el principal causante de estos actos de violencia.

De esta manera la familia se constituye como uno de los ejes fundamentales para sostener esta cadena de violencia por ejemplo cuando la mujer es maltratada reconocemos dos características: La primera es la CULPABILIZACIÓN a través de frases como “algo habrás hecho” o “si te pegaba ¿Por qué seguías a su lado? es tu culpa, tú te lo buscaste”, culpamos a la maltratada y nos “lavamos las manos”, justificamos el abandono. La segunda característica que podemos observar es la VICTIMIZACIÓN, aquí la familia al igual que las instituciones cumplirán su rol, dándole a la mujer sometida a los actos de violencia un trato condescendiente atribuyéndole la necesidad de que alguien la salve, “olvidándose” que la mujer es un ser humano con capacidad de decisión. Todos negaran la violencia física y sobretodo psicológica puesto que hay temas que se deben obviar por la imagen que nos esforzamos en cuidar “viene de una familia de bien”. A ello le sumamos las características de la construcción de nuestra feminidad en la cual se identifica una importancia a la figura de la castidad femenina, sacralización e influencia de la cultura materna y la centralidad de la familia nuevamente, lo cual denota la formación de un carácter de sumisión. Este fenómeno pone de manifiesto los aspectos sociales y culturales enraizados en la sociedad peruana revelando problemas psicosociales que afectan a la población sin distinguir clase y raza pero que encuentra en el sujeto femenino su principal costo social.

Objeción de conciencia

La reciente iniciativa del gobierno central y los gobiernos regionales pone de manifiesto la magnitud del problema y no en vano el presidente Vizcarra dijo durante su discurso por la ceremonia por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia de la Mujer. “La indiferencia también es violencia. Si nos involucramos todos, yo tengo la seguridad de que vamos a poder eliminar la violencia contra la mujer” aunque seamos sinceros eso no va suceder.

Las nuevas normativas que sancionan el feminicidio quizá no permitan reducir la tasa de feminicidios que al día de hoy se manifiestan en nuestra sociedad sin embargo permitirá la tipificación respecto a la importancia de la prevención, imprescriptibilidad, memoria y lucha contra la impunidad. La violencia contra la mujer no es exclusiva de un sistema económico o político; está presente en todas las sociedades y distintos períodos de la historia

Pero esto tampoco cambiará si desde los medios de comunicación principales socializadores de información convierten las muertes violentas de mujeres en mercancías de interés y morbo para la población través de coberturas mediáticas. O las autoridades y operadores encargados del tema manifiestan cero interés o falta de capacitación y sensibilidad con el tema.


Fuentes:
Correo Huancayo

BERLANGA GAYÓN, Mariana (2010) “Las fronteras del concepto feminicidio – Una lectura de los asesinatos de las mujeres de América Latina” Revista Diásporas, Diversidades y Dislocamientos”

VARGAS MURGA, Horacio (2017). “Violencia contra la mujer infligida por su pareja y su relación con la salud mental de los hijos adolescentes” Revista Médica Herediana.

OBSERVATORIO DE IGUALDAD DE GÉNERO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE (2018) “Feminicidio, la expresión más extrema de la violencia contra las mujeres” Notas para la igualdad.

INFORME EJECUTIVO “Feminicidios en el Perú Enero 2009 – Junio 2018” Ministerio Público - Fiscalía de la Nación.

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